Cuatro puntos para la reflexión sobre el resultado electoral de las últimas elecciones generales en España
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Texto de Eloy Isorna Artime

Madrid 13-03-2008

Como es sabido, en España, además de los Parlamentos de cada una de las Comunidades Autónomas, existen una Cortes Generales que constituyen el Parlamento general del Estado y que están integradas por dos Cámaras: El Congreso de los Diputados y el Senado.

El Congreso está integrado por 350 Diputados elegidos por los ciudadanos a través de las listas cerradas de candidatos presentadas por cada partido político. Es decir se eligen listas de candidatos del partido que se quiera votar, pero no se elige de forma individualizada a cada diputado.

El Senado está integrado en total por 264 senadores. De ellos 208 senadores son elegidos directamente por los ciudadanos con derecho a voto mediante un procedimiento de designación individual (marcando con X su nombre) entre los candidatos presentados por los partidos políticos concurrentes a las elecciones. Los 56 senadores restantes son designados por los Parlamentos Autonómicos. Para la eleccion de los 208 senadores de elección directa cada ciudadano puede designar hasta un total tres candidatos del mismo o de distinto partido político, en el momento de emitir su voto.

Las últimas elecciones a Cortes Generales se cebraron el pasado día 9 de Marzo de 2008, y en lo que se refiere al Congreso de los Diputados, principal Cámara legislativa, fueron ganadas por el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) liderado por su Secretario General José Luis Rodriguez Zapatero, que obtuvo 169 escaños, frente a 153 escaños (parece que podrán llegar a 154 con el voto emigrante, en fase de escutrinio) obtenidos por el P.P. (Partido Popular), principal partido de la oposición, liderado por Mariano Rajoy. Los restantes 28 ( o 27) escaños de Diputados, hasta completar los 350 que integran el Congreso, fueron obtenidos por otros 8 partídos políticos. En cuanto al Senado, el PSOE obtuvo en estas elecciones 89 senadores, el PP 101 y el resto de partidos los 18 restantes, hasta completar los 208 senadores de elección directa por los ciudadanos.

En un análisis de urgencia, entendemos que hay algunos datos del resultado de las últimas elecciones a las Cortes Generales que merecen ser destacados y ser objeto de reflexión. Vamos a referirnos unicamente a los datos del resultado de las citadas elecciones para Congreso de los Diputados, aunque el mismo día, y con distinta papeleta, se celebraron también las elecciones al Senado. En los datos a considerar no se tienen en cuenta los votos de la emigarción por estar todavía, en el momento de redactar este comentario en fase de cómputo.

En primer lugar cabe destacar que se han presentado a la elección de los votantes, 36 partidos poliíticos, no obstante el 83, 76 por ciento de los electores se han decantado entre sólo dos partidos políticos: PP (40,12 %) y PSOE (43,64 %).

No se puede descartar que el miedo a la victoria de uno u otro , según la repectiva posición, ha sido un factor determinante de esta polarización que ha propiciado el voto útil , con independencia del peso que pudieran haber tenido los 2 debates cara a cara de los candidatos del PSOE y del PP, José L. R. Zapatero y Mariano Rajoy, en la Televisión, y los mecanismos del propio sistema electoral que favorecen a los partidos mayoritarios.

Parece claro, en todo caso, que el "voto útil" ha sido propiciado fundamentalmente, para muchos electores, por miedo cerval a la victoria del partido contrario, mas que por el atractivo de las virtudes del partido político votado. Pasadas ya las elecciones y en previsón del futuro, cabe plantearse, desde la posición del ciudadano de "a pie", si debe fomentarse el mantenimiento de esta dicotomia o más bien sería deseable que desde los propios partidos con representación y desde la sociedad civil (personas privadas e instituciones sociales de diverso signo), se fomentase una mayor pluralidad en la representación, especialmente en lo que se refiere a partidos de ámbito nacional, sin descartar, desde luego, los de ámbito autonómico.

El fomento de la pluralidad requeriria un esfuerzo de comedimento en las propuestas y ataques, de profundización en la democracia, de respeto a los matices de lo plural y la valoración y evaluación no sectaria de las virtudes y aportaciones de los partidos entre sí. También exigiria que se dejasen aflorar las diferencias existentes dentro de cada partido y de modo especial la democratización interna en la elección de los candidatos y de los programas de gobierno. Del mismo modo, la mejora del sistema electoral con igualación o equiparación del numero de votos necesarios para la optención de cada escaño, con independencia de su distribución territorial, debería ser objeto de estudio y discusión.

Además requeriria, sobre todo y muy especialmente, la existencia de acuerdos básicos de los principales partidos sobre temas de Estado (terrorismo, inmigración, relaciones exteriores, autonomías) y sobre derechos ciudadanos y muy especialmente los relativos al matrimonio civil de homoxesuales y lesbianas.

Sin éstos acuerdos básicos seguirán utilizandose por los partidos mayoritarios dichos temas como ariete de uno contra otro, y será muy dificil eliminar el voto del miedo y el llamado voto util , que margina de la contienda política a los partidos pequeños y sus propuestas alternativas. Así la sociedad plural se verá constreñida a expresarse politicamente a través del oligopolio de los dos grandes partidos políticos que en estas elecciones han acaparado el citado porcentaje del 84,76 por ciento de los votos.

Tambien, una mayor pluralidad podría facilitar el voto de una parte de los ciudadanos que se encuadran en el 24,25 de abstención. El análisis, estudio y detalle de estos no votantes sería tarea interesante, aunque, pasadas la elecciones, todos se olviden de ellos. Recordemos que desde 1977 el porcentaje de participación en las elecciones generales solo ha bajado del 70 por ciento en tres citas electorales: 1979 (68,04), 1989 (69,74) y 2000 (68,71).

En segundo lugar entendemos conviene reflexionar sobre el hecho de que al menos (no consideramos los votos de la emigración en fase de computo) 11.061.060 españoles han votado al PSOE y votar al PSOE supone no sólo una elección de futuro , sino una confirmación, un respaldo (eso sí, generíco y opcional del mar menor, en algunos casos) todo lo matizado que se quiera, del pasado del Gobierno del PSOE y de sus principales planteamientos.

Pero es verdad también que 10.167.071 españoles han votado al PP . Se trata de un número muy importante de ciudadanos que han mostrado, por un lado, un claro rechazo al PSOE y sus políticas y, por otro lado (quizá con menos contundencia), una opción de Gobierno positiva favorable al PP.

Parece que pudiera resaltarse el rechazo al PSOE como caracteristica de una parte considerable de éstos votantes del PP, dado que el programa y los argumentos electorales del PP se han asentado mayoritariamente en su rechazo a la política del PSOE , especialmente en materias de terrorismo, emigración, derechos civiles (matrimonio de homoxesuales y lesbianas) y política teritorial relacionada con el proceso autonómico.

Por otra parte, al menos 3.162.216 electores han dado su voto a otras opciones políticas como una elección positiva , pudieramos entender, mas allá de la elección del miedo y del voto útil, que pudo haber potenciado a muchos de los votantes del PSOE y del PP, respecto a la posible victoria del contrario. No debemos olvidar que dentro de este tercer grupo de tres millones y pico de votantes, los votantes de I.U . (Izquierda Unida) representan la primera opción (y la tercera respecto al total de votantes) con 962.834 votos, aunque con representación parlamentaria muy menguada por la distribución territorial de los mismos . Pero con independencia de la representación parlamentaria, es de destacar la existencia de 962.834 ciudadanos electores (1.264.081 en 2004) que han optado por I.U .

En tercer lugar , entendemos que no cabe hacer una interpretación del voto desde el punto de vista de las creencias o increncias religiosas del votante, pese a la polemica desatada por una Nota de la Comisión Permanente del Episcopado emitida poco antes de las elecciones, y ello a la vista de los datos de las elecciones y a la constación de que muchos creyentes, grupos de creyente y medios de comunicación social cristianos, en papel o en internet, no han propiciado e incluso han sido abiertamente contrarios al voto al PP, argumentando por ejemplo , entre otras, sus propuestas en políticas de inmigración.

Ha sido una elección política y sólo política, aunque ciertamente la política en si misma tiene cierta vocación de totalidad respecto a las manifestaciones sociales. Pero pensamos que no es lícito, ni responde a la realidad agrupar el voto por creencias, auque sí podría resultar interesante sociologicamente su estudio desde esta perspectiva.

Pensamos, consiguientemente, en todo caso, - aunque no tenemos datos objetivos para su cuantificación - que personas de distintas creencias (religiosas, agnósticas o ateas) han votado indistintamente a los distintos partidos polícos. Posiblemente algunos partidos políticos tengan realizados estudios de cuantificación de la orientación del voto en función de la crencia o increncia religiosa.

En cuarto lugar, y finalmente, podríamos preguntarnos por el sesgo o distribución del voto en terminos clásicos de derecha, izquierda y centro (con independencia de lo dificil que que pudiera resultar hoy definir cada uno de los componentes dedicha clasificación).

De alguna forma el centro parece distribuir su voto entre izquierda y derecha (al margen de las caracteristícas autonómicas). La no existencia de partidos con representación parlamentaria de extrema izquierda o extrema derecha, nos lleva a plantear, con las debidas cautelas , que su único destino puede ser la abstención , o, alternativamente, el voto perdido en partidos minoritarios o el "voto útil " en los respectivos partidos de izquierda (I.U., PSOE, ERC, BNG ..) o derecha (PP) con representación parlamentaria. Para conocer ésto a fondo tendría que realizarse una disección de los grupos de votantes de cada partido y de las familias internas operantes en los mismos.


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